TESTIMONIOS

Demetrio Jiménez Sánchez-Mariscal OSA

Obispo de Cafayate-Salta (2014-2019)

 

Con motivo del año jubilar que vivió la Prelatura de Cafayate al cumplir 50 años de su erección, mi hermano Demetrio tuvo la deferencia de invitarme a presidir las fiestas en honor de Nuestra Sra. del Rosario La Sentadita, cuya bellísima imagen es venerada con devoción desde hace siglos.

Fueron dos días muy intensos, marcados por el final de la novena rezada con profunda piedad que concluyó en las vísperas de la celebración central. El obispo llegó a su sede convaleciente y muy débil por la enfermedad que padecía. Presenció sentado los actos y la Santa Misa.

En esas jornadas fui testigo de cómo se le acercaban sus feligreses de los cerros y capillas muy distantes para saludarlo cariñosamente, deseándole salud y manifestando el deseo de tenerlo pronto con ellos. El pastor a cada uno los llamaba por su nombre y les preguntaba éstas cosas: cómo habían pasado el invierno y si habían podido celebrar la novena y la fiesta del Santo o de la Virgen que precedía cada parroquia o capilla, cuántos animales habían perdido por las heladas, cómo estaban algunos referentes de la comunidad, sobre todo los enfermos y ancianos, y los nombraba a cada uno, y de cada uno recibía noticias con atención y enviaba especiales saludos y bendiciones, también preguntaba si la comisión parroquial se mantenían unidos y si habían superado las diferencias, etc. Para cada persona que se acercaba a besarle la mano él se tomaba su tiempo; estuve largo rato a su lado y la fila de gente, que no bajaba de 10 o 12 fieles, manifestaban que no querían volver a sus pagos sin saludar a su obispo y desearle todo tipo de buenaventura. Creo que todos se resistían a que ese encuentro fuese el último en esta vida. En la intimidad me dijo que le había hecho mucho bien ver a sus amados fieles, siendo que algunos de ellos venían de muy lejos.

Para mí fue muy edificante ver cómo el padre obispo Demetrio se había abajado a su gente sencilla y cómo se había ganado su afecto y amistad. Fue un peregrino incansable de los valles y quebradas de su extensa Prelatura que abarca tres provincias.

Creo no equivocarme si imagino las lágrimas y congojas de su gente allá en Cafayate cuando corrió la noticia de su pascua. Tampoco temo decir que se ha quedado prendido en el corazón de todos los que lo conocieron, porque tan queridos habían sido por su pastor, quien no solo les anunció el buen Evangelio de Jesús, sino que le entregó su propia vida, como se donó San Pablo a los Tesalonicenses (1Ts 2,8).

Doy gracias a Dios por el dispendio de su amistad, muy corta por cierto, pero queda en mi corazón como una de esas gracias que duran la vida entera.

¡Padre Obispo Demetrio, por la infinita misericordia de Dios, descansa en paz!

Mario Aurelio Cardenal Poli

Arzobispo de Buenos Aires

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ORDEN DE SAN AGUSTIN - VICARIATO «SAN ALONSO DE OROZCO» Argentina

Al llegar el primer aniversario del fallecimiento del P. Demetrio Jiménez, Obispo de Cafayate, saludamos con gozo esta iniciativa de generar una página web en la que se rememora su persona, su vida y su obra.

De este modo, al mismo tiempo que recordamos, hacemos permanecer toda la obra que realizó con su vida, su trabajo pastoral y sus estudios y publicaciones.

Deseamos que siga creciendo para que nada se pierda y para que quienes se acerquen a él por este medio puedan encontrarse con su vida, con su anuncio, que no fue otro que el Evangelio, y con su pensamiento reflexivo.

 

Nicanor Juárez o.s.a

Vicario Regional

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Prot. 70/2020

16 de Octubre 2020

Primer Aniversario de la Pascua de

Mons. José Demetrio Jiménez

 

Queridos Hermanos y Hermanas:

          Me dirijo a cada uno de Ustedes para conmemorar y orar unidos en este primer aniversario de la Pascua de nuestro querido y recordado Amigo, Padre y Pastor Mons. José Demetrio, que está gozando de la presencia del Señor Jesús y de su Madre Santísima.

          Son muchos los recuerdos, las anécdotas y, en especial, las enseñanzas que nos ha brindado en su paso entre nosotros, de manera particular los cinco años, que nos acompañó como guía y obispo de nuestra Prelatura de Cafayate. Me acuerdo de su primera experiencia en el Valle Calchaquí, allá por el año 1991, cuando viviendo en San Carlos durante seis meses, fuimos juntos a participar del Cursillo de Animadores de la Comunidad en la Parroquia de Molinos, luego en Santa María y finalmente en Cafayate.

          Fueron meses donde pudo observar y captar el alma del habitante del Valle Calchaquí (tierra de cosecha hermosa)  y Yokavil (tierra fértil), que le apasionaron, juntamente con  sus paisajes, sus tradiciones ancestrales y sus expresiones de fe y de piedad popular, como los profundos valores de cada una de las comunidades. Tanto se entusiasmó, que regreso en el año 1999, a la Prelatura, concretamente a la Parroquia de San José.

          Quiero recordar las palabras que nos dirigió en el día de su Ordenación Episcopal. “Gracias a este pueblo calchaquí que me acepta entre los suyos y por cuya mediación Dios me bendice. Yo, aborigen de otros pagos, originario de otra tierra que siente este suelo como suyo, esta casa como hogar: lugar donde me encuentro a gusto, que me da paz en el ánimo y me hace mejor persona. Gracias a esta Prelatura, que me revitalizó espiritualmente, me fortificó la salud, me hizo buen cristiano. Gracias por la vocación que me fue dada en la Orden de San Agustín, y que no me queda sino entregar en esta nueva misión”.

          Agradecemos a Mons. José Demetrio su grata compañía, como Obispo-prelado, a lo largo de los cinco años que compartió con nosotros. Nos brindó su agradable amistad, su elevada sabiduría y su apostólico celo pastoral. En los últimos meses de su enfermedad, en la Parroquia de San Agustín de Buenos Aires, siempre le encontraba con buen ánimo, aceptando su enfermedad, que sabíamos eras muy grave, pero nunca una palabra de queja, estaba en las manos del Señor Jesús y eso le consolaba.

          Su único pedido era regresar a la Prelatura de Cafayate, como lo hizo en los últimos días de la Novena en honor a la Virgen del Rosario, “La Sentadita”, para despedirse de la comunidad diocesana, que el Señor le había encomendado. Tuvo que regresar, de urgencia, al Sanatorio Mater Dei, de la Capital Federal, donde fue internado y atendido con delicada caridad por las Hermanas de María de Shönstatt y todo el personal del Sanatorio.

          Mi última conversación con Mons. José Demetrio fue el lunes, 21 de Octubre, donde recordamos la Fiesta de la Virgen del Rosario, vivida en Cafayate, con algunas anécdotas de la fecha.

          Y el miércoles, 23 de Octubre, recibo con urgencia una llamada del P. Nicanor: “Acaba de fallecer Mons. Demetrio. Trae el hábito agustiniano para amortajarlo”. Su hábito había quedado en Cafayate. Agarré uno de mi armario y con él revestimos a nuestro querido hermano agustino.

          Ese mismo día, a las 19,30 horas, celebramos la Santa Misa en la Iglesia de San Agustín. Estuvieron presentes Mons. Aliaksandr Rahinia, Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica en Argentina; Excmo. Cardenal  Mons. Mario Poli y un numeroso grupo de Obispos, juntamente con los Sacerdotes Agustinos. En la homilía recordamos las virtudes de nuestro hermano José Demetrio, su humildad, su sencillez y su entrega a toda la Prelatura de Cafayate.

          El jueves, 24 de octubre, hacia las once y media, arriba el féretro a  Ciudad de Cafayate. Fue verdaderamente emocionante el grandioso y popular recibimiento de toda la Comunidad. Una comunidad reunida en la Plaza principal, que con dolor y lágrimas recibía a su Pastor.

          Aquella noche recordé las palabras de su Homilía de la Fiesta Patronal, el 7 de Octubre, cuando nos decía: “A los que vinimos de afuera este pueblo nos ACEPTÓ. Además, inmerecidamente nos quiere. Y nos permite VIVIR en este hermoso Valle. Y nos ACOMPAÑARÁ también para morir aquí si se diese el caso. ¿Verdad que sí? En el Valle el tiempo no corre, camina. Cada cosa a su tiempo…”

 

          En otro momento de la Homilía nos recordaba:  “No podemos olvidar a quienes desde el siglo XVI sembraron la Palabra de Dios, el EVANGELIO de Jesús, en estos pagos: religiosos mercedarios, jesuitas, franciscanos, redentoristas, lateranenses, lourdistas y sacerdotes diocesanos que estuvieron hasta la creación de la Prelatura. Desde el P. Alonso de Barzana, jesuita –Apóstol de Calchaquí-, hasta el Vicario Julián Toscano, el Pbro. Ismael Sueldo o el cura Vázquez, por citar solamente uno de los primeros más célebres y otros más cercanos. Algunos dejaron su vida en nuestros pagos y están enterrados en nuestros cementerios.”.

 

          El próximo Viernes, día 23, recordemos con profundo afecto a nuestro querido Pastor y Padre Mons. José Demetrio, y elevemos nuestras oraciones a nuestro Padre Celestial para que nos ayude a proseguir sus pasos con la misma entrega y generosidad, como Él lo hizo.

 

           Les saluda fraternalmente en la Sagrada Familia de Nazaret

P. Pablo Hernando Moreno, OSA

Administrador Apostólico

PRELATURA DE CAFAYATE

SALTA – REPUBLICA ARGENTINA

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SEMBLANZA PÓSTUMA DE DEMETRIO  (* 8.10.1963 -  + 23.10.2019)

 

  Hay personas cuya gigantesca estatura, sólo se aprecia cuando nos   abandonan.

  Hay astros que, al incinerarse, dejan la constelación más huérfana.

  Hay maestros que, cuando se jubilan, o los jubilan, se apaga una luz.

  Hay mariscales (Mariscal era su apellido) que, cuando desaparecen, dejan al ejército desconcertado.

  Hay timoneles que, sin su presencia, el barco se desorienta.

  Hay aurigas cuyas manos, bien apretadas a las bridas, son una garantía  en la carrera.

  Hay líderes que dejan impronta y un camino marcado.

  Hay sembradores que siembran a destajo, sin mirar a derecha o izquierda.

  Hay pastores que tienen “olor a oveja”.

 

Algo de todo esto  -quien lo conoció da testimonio- , fue el Obispo Demetrio:

Demetrio, el de Toledo, con carácter de acero toledano;

Demetrio, el niño superdotado en toda su trayectoria académica, hasta el Doctorado en Filosofía;

Demetrio, el de vigilia larga y el sueño corto;

Demetrio, el agustino recio, de cuerpo entero;

Demetrio, el que minusvaloró su Doctorado, en aras de la promoción de los coyas en la longincua Prelatura de Cafayate;

Demetrio, el sacrificado misionero en los Valles Calchaquíes, para ser voz de los que no tienen voz;

Demetrio, audaz profeta  comprometido en las causas justas;

Demetrio, el amante y defensor de la cultura de los nativos, que un día reflejaría  en su escudo episcopal;

Demetrio, el que, en bien de su pastoral, resignó su culta y docta palabra a la cultura del paisano de ojotas;

Demetrio, el del discurso corto, pero contenido denso;

Demetrio, el obispo menos de ciudad que de cerros;

Demetrio, el hombre sinodal, con un Sínodo intenso;

Demetrio, el enamorado de Cristo, al rescoldo del Sagrario;

Demetrio, Pastor “con olor a oveja”, que, con una privilegiada memoria conocía una a una por su nombre;

Demetrio, solícito sembrador de la Palabra, graneada a diestro y siniestro;

Demetrio, sorprendido de estocada por el ángel del sacrificio incruento, a la mitad de la jornada;

Demetrio, promesa episcopal argentina, que llenó mucho en poco tiempo;

Demetrio, sufrimiento estoico, pero tremendamente cristiano, en el ocaso del sol;

Demetrio, espiga de oro, recolectada en cosecha mañanera por el Gran Sembrador.

Demetrio, hoy, en la nostalgia inesperada de tu reciente partida, damos gracias al Padre bueno, por los muchos y bellos dones que en ti depositó:

 

por ser como fuiste,

por haber hecho lo que hiciste,

por haber dejado la Iglesia particular cafayateña más adulta y hermosa que cuando la recibiste.

 

Y también, un poco nostálgicos y resignados por nuestra parte, pero tremendamente exultantes por ti, damos gracias al Abbá, porque ya, sin temores ni filosofías, estamos seguros que, a su lado, eres completamente feliz.

 

 P. Hipólito Martínez, osa.

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No se cómo puedo expresar el haber formado parte de la vida de Monseñor Demetrio.  Recuerdo el día en que supe que vendría a ser el gran Pastor de nuestra Prelatura.  Allí me enteré de que era un compañero de ruta, pues había luchado contra esta enfermedad tan dura, la Leucemia; yo la conocí y realmente sentía que teníamos algo en común.

 

Y llegó el gran día.  ¡Era nuestro nuevo OBISPO!!!! Un hombre sencillo, tranquilo y claro al hablar.  Me dije:  quiera Dios que podamos todos acompañarlo en su caminar.  Y allí fuimos.

 

Nos fuimos conociendo y descubrí a un Gran Pastor, que cuidó a todo su rebaño hasta el último lugar, el más alejado de la Prelatura.  Y cuidando a todos: niños, adultos y ancianos.  Allí surgió el primer gran desafío:  acompañarlo en el Hogar de Ancianos de Cafayate - al que ya desde su caminar en Bs As ayudó tanto - y de su mano estamos todavía, siguiendo el rumbo que nos marcó.

 

Monseñor Demetrio (como cariñosamente lo llamábamos en el Valle .por costumbre o más por respeto enseñado en nuestros hogares), con su gran sabiduría y su conocimiento filosófico, aplicados a este mundo globalizado, logró comenzar con muchos cambios.  En la Pastoral, nos permitió con su gran apertura, poder modificar actitudes retrógradas y no fundamentadas para este mundo actual.

 

Y en esta su gran visión, también lo acompañé, con temor… pero su presencia me dio fortaleza y nació el Hogar de Cristo “La Sentadita”.  Comenzamos a recibir la vida como viene, a esos hermanos golpeados, rotos y marginados por las adicciones.  Continuamos su obra; lentos, pero no vencidos.

 

Fueron pasando los meses y los años y él seguía caminando hacia los lugares donde más se lo necesitaba y donde era difícil llegar.  Y allí quizás comenzó todo.  Él no sintió su dolor físico, seguramente porque el dolor por el sufrimiento de las personas lo hizo olvidar el suyo.  Y cuando lo descubrimos, creo que supimos que no sería fácil, ya uno tiene esa marca de una enfermedad oncológica y el sistema inmune no lo olvida.  Nuevamente lo tocó.

 

Fueron meses difíciles, siempre con la esperanza de que lo venceríamos.  Él, hasta el último momento, tenía a su pueblo presente; y volvió a despedirse, muy cansado, fatigado y enfermo, pero firme.  Y así lo recordamos.  Sus enseñanzas siempre serán nuestra guía, Querido Monseñor Demetrio.

 

Dra. Teresita E. Royano

Cristiana –Médica y Servidora

Hospital Nuestra Señora del Rosario

Cafayate, Salta

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La imagen que guardo del P. Demetrio es la de una persona naturalmente solidaria, equilibrada, que supo cumplir con un propósito superior desde la absoluta entrega – en especial hacia los más necesitados.

 

Ana Maria Boragina

Proyecto Amancay del P. Demetrio

CABA, Buenos Aires

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Monseñor José Demetrio. Fue una persona tan especial con las personas más humildes. Eso marcó mucho en el corazón de mucha gente que hizo tomar tanto cariño por él.  Recuerdo en mi mente que se sentaba en nuestra humilde mesa en casa de mis padres y compartía con nosotros como alguien más de la familia... Fue muy querido por mi familia, cada vez que lo recordamos lo hacemos con mucho cariño... Gracias Monseñor por haber pasado por nuestras vidas y dejar tu recuerdo... siempre te recordaremos....

Lic. Emilce Correjidor

Radióloga del Hospital Nuestra Señora del Rosario

Cafayate, Salta

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En un soleado día de 2019 me encontré contestando un pedido de atención médica a un sacerdote de Cafayate, a lo que acudí sin retaceos.

 

Finalmente supe que era el Padre Demetrio, Obispo de allí . . . qué responsabilidad fue aquel desafío pero, como siempre, se realizó el protocolo de recepción y estudio como lo hacemos en todo paciente sin interesar procedencia ni cargo.

 

Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance pero, desgraciadamente, de inicio sospechamos que habría más problemas que un simple trastorno digestivo o respiratorio.

 

Los pocos días que compartimos con el Padre Demetrio en el Hospital San Bernardo sirvieron para encontrar en él una persona sencilla, simple, reservada, con un gran corazón ya que vimos como ejercía su ministerio asistiendo a otros enfermos a pesar de encontrarse él internado por enfermedad.

Eso nos dejó una gran enseñanza a todo nuestro grupo de trabajo.  Esas pequeñas, grandes cosas son las que marcan un camino a los demás y es lo que fue el Norte de este sencillo pero gran sacerdote.

 

Quizás hubiera sido lindo poder compartir más con él, pero nuestro Dios tenía otro destino para el P. Demetrio así que tuvimos que conformarnos con estos pocos hechos que, a mi entender, fueron suficientes para mirar la vida con otra perspectiva y solidaridad.  Por todo esto, muchísimas gracias Padre Demetrio, y que se encuentre ya gozando de la eterna felicidad junto al Padre de los Cielos.

 

Dr. Gustavo Patrón Costas

Médico del Hospital San Bernardo

Salta

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Demetrio fue mi maestro, mi amigo, mi cómplice. Me alentó, me desafió, me acompañó, me sostuvo. Compartimos sueños y convicciones.  Dejó huella en mi.  Siendo mujer, joven, laica, me dió responsabilidades y recursos. Confió en mí.

Lo conocí en Santa María, Catamarca en los '90. Nos contaba la gente que lo conocía en los cerros que era "el curita que camina" (cruzaba los cerros a pie porque no había caminos para la camioneta).

Fue un hombre apasionado por el cuidado de la vida. Fuimos amasando, junto a muchos otros, el Servicio Social Agustiniano que hoy es parte de la Asoc Civil Gregorio Mendel.

Recuerdo sus silencios, sus miradas profundas y su mansedumbre.   Vivió la vida que eligió con convicciones, coherencia, con luces y sombras. Fue un gran maestro con un corazón enorme.  Estaré eternamente agradecida por todo esto.

Inés Peire 

Ex Co-Directora del Servicio Social Agustiniano

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"...Todo pasa todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos"; así lo escribió el poeta... y así es la vida de un sacerdote, de un lado a otro, cambiando constantemente de destino, con las maletas siempre listas porque su decisión es servir a Dios y a su pueblo, y no hay labor más noble y desinteresada que la de un sacerdote siempre dispuesto a ayudar ...

 

Por gracia divina y por intervención de alguien muy especial que llevaré siempre en mi corazón, he llegado a conocer la obra del Padre Demetrio contada en primera persona, me ha tocado acompañarlo en sus últimas batallas con la enfermedad, sinceramente me he sentido muy bien y en paz cada vez que concurría a verlo, siempre con una sonrisa, siempre tan amable, respetuoso, humilde y preocupado por el prójimo; dejó en mi muchas enseñanzas y un modo distinto de ver las cosas. Una de las frases que más resuenan en mi mente y trae paz es:

 

"Quien tiene la certeza de que Cristo esta con él, no le teme a nada".

 

Esa es la enseñanza que dejo en mí el Padre Demetrio junto a tantas otras, lo tendré siempre presente en mis oraciones y en mi corazón. Como dijo el Papa Francisco "Para ser un gran sacerdote no importa el curriculum, sino la humildad".

 

Francisco Barreiro

Enfermero

Sanatorio Mater Dei

CABA, Buenos Aires

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El Padre Demetrio, de corazón compasivo, tuvo el poder de transformar, impactar y aliviar la vida de aquellos que lo rodearon.  También el talento de encontrar en su camino a un alma gemela que lo acompañará y adivinará - aún sin palabras - aquello que quería para concretar su sueño.

 

Gracias al Padre Demetrio y a vos Anita, soy una testigo privilegiada.  Abrazos.

 

Elsa Estevez

Proyecto Amancay del P. Demetrio

CABA, Buenos Aires

 

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Al P. Demetrio lo recuerdo como un hombre con un profundo respeto por la cultura de cada uno de los pueblos a los que le tocó servir . . . así lo prueban sus escritos.

 

María Silvia Abalo

Proyecto Amancay del P. Demetrio

CABA, Buenos Aires

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Ya pasó un año desde que te fuiste, Demetrio, y aunque todavía no lo creo y me parece injusto (igual que a vos la partida de Oscar Cervantes, el joven Catamarqueño al que tanto apoyaste y llegó casi a ser Ingeniero Nuclear, si no hubiera sido por su grave enfermedad) estoy tratando de refugiarme en tu legado, lo que nos dejaste. Me dejaste tu ejemplo de serenidad, sin importar lo que sucediera, como el día en que te increpó violentamente un representante de los pueblos originarios y todo terminó con una charla con apretón de manos incluido. Me dejaste tu ejemplo de trabajo en equipo y perseverancia para lograr los objetivos más impensados, como llevar energía eléctrica al medio del Valle Calchaquí. También me enseñaste a perdonar traiciones y dar segundas oportunidades (aunque doliera) siempre con una sonrisa cálida y tímida.También me enseñaste el día que fuiste a ver a mi mamá, internada en grave estado, a que no importa cuán importante sea el cargo que tengamos o el poco tiempo del que dispongamos, siempre es importante acompañarnos (además ese día, era tu cumpleaños).
Pero sobre todo me enseñaste lo importante que es confiar y darle alas a las personas para que puedan volar su propio vuelo. Así lo seguiremos haciendo a través de la Asociación Civil Gregorio Mendel (la que creaste junto a tus hermanos Agustinos) tal como lo venimos haciendo desde hace 15 años.

Hoy que no estás entiendo un poco más esa frase que tanto nos repetías:  “Somos seres limitados que tenemos que gestionar creativamente nuestras limitaciones”  Ojalá nos sigas iluminando para seguir en ese camino. Gracias por dejar tu huella en mi barro para siempre, un honor haber compartido la vida estos últimos 13 años.

 

Andrea Festa

Coordinadora General del Servicio Social Agustiniano, y

Secretaria de la Asociación Civil Gregorio Mendel

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Aunque naturales ambos de un pequeño pueblo de apenas quinientos habitantes y separados solamente por un puñado de años, mis referencias acerca de José Demetrio Jiménez hasta la primavera del año pasado se reducían al vago recuerdo de algún comentario familiar sobre la condición sacerdotal de uno de los muchachos de Pepe y, más recientemente, al texto que figura en una de las placas fijadas en la fachada de la iglesia parroquial en las que se conmemora la elevación a la prelatura episcopal de dos de sus hijos, uno de ellos enraizado desde hace tiempo en la diócesis argentina de Cafayate.

Sin embargo, cuando en el invierno de 2019 preparaba con un par de compañeros el itinerario de un apasionante viaje por tierras sudamericanas, decidimos establecer en Salta una de las etapas de nuestro periplo. Al comentar el recorrido con algunos amigos del pueblo alguno me recordó que Cafayate pertenecía a esa provincia y que José Demetrio era su obispo.  

 

Desde ese instante resultó inevitable que en mi mente se  instalara la idea de sacar un día para acercarme a saludar a nuestro ilustre paisano. El problema era que la distancia entre la ciudad de Salta y Cafayate es de casi 200 kms, lo que en autobús de línea y por aquellas carreteras suponía más de cuatro horas para ir y otras tantas para volver en la misma jornada… Aunque, por otra parte, ¿qué importaban unos cientos de kilómetros más entre los 4000 que íbamos a recorrer desde La Paz hasta Buenos Aires? ¿Cómo no iba a visitar a otro cerralbeño a 10.000 kilómetros de nuestro pueblo? Así pues, llegado el momento, uno de mis compañeros y yo nos plantamos en la capital de los Valles Calchaquíes, o sea, en Cafayate.

Ese día conocí realmente al padre José Demetrio, comprobé su hombría de bien apoyada por una notable fortaleza que no enturbiaba su humildad y, sobre todo, una inmensa generosidad para con sus feligreses, la misma que prodigó con nosotros durante nuestro encuentro.

Cuando nos presentamos en la sede episcopal, una casa humilde, en consonancia con la personalidad de su morador, y tras las oportunas presentaciones, el obispo de Cafayate se puso incondicionalmente a nuestra disposición. Nos subió en su ya achacosa “pick up” y se convirtió en nuestro cicerone particular a lo largo de lo que fue para mí una jornada inolvidable y especialmente emotiva. Nos llevó a conocer los restos arqueológicos de la Ciudad Sagrada de Quilmes, cuyo pueblo resistió a la conquista española hasta la segunda mitad del siglo XVII; visitamos algunas de las iniciativas que promueve y gestiona la diócesis, como el colegio que acoge a niños y niñas procedentes de toda la zona o el centro de atención a jóvenes con discapacidades diversas.

Llegada la hora de comer, nos dirigimos a la casa de un encantador matrimonio de bodegueros de ascendencia española que nos ofreció un opíparo banquete regado con unos excelentes caldos de su cosecha. Como un detalle más del espíritu de quien desde aquel día he considerado mi amigo, él había pedido a la señora que le prepararan un sencillo plato de lentejas.  Tras despedirnos de nuestros anfitriones, José Demetrio puso rumbo hacia las afueras de la ciudad para enseñarnos terrenos en los que  pensaba iniciar nuevos proyectos de construcción de viviendas de carácter social, de mejora de equipamientos, quizá algunas viñas… sí, viñedos, porque la diócesis es propietaria (lo apunto a título anecdótico) de una de las muchas bodegas que constituyen la fuente principal de trabajo y recursos económicos de Cafayate. “Prelatura” es su marca, y doy fe de que es un vino de calidad.

Así fueron transcurriendo las horas que compartimos con José Demetrio y que para mí se esfumaron volando. Pero lo cierto es que el recuerdo de aquella jornada quedó impreso en mi mente y, sobre todo, en mi corazón. En la estación de autobuses quedamos emplazados para reencontrarnos aquel mismo mes de mayo, cuando él pensaba viajar a Roma haciendo una escala en el pueblo. Ahora sé que a los pocos días de nuestro encuentro fue ingresado en un hospital en Buenos Aires por las mismas fechas en que nosotros estábamos visitando la capital argentina.

 ¡Lamento en el alma no haber podido despedirme de él…!

Jesús Zapata Zapata.

Honor y enorme aprendizaje de haberte conocido Padre Demetrio.

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Pienso en José o el padre Demetrio y me conmuevo.  En 2016 junto a Ana María tuve la oportunidad inolvidable de hacer un viaje al Norte de Argentina para avanzar en una serie de proyectos e iniciativas sociales en parajes pequeños y olvidados por casi todos.  Una de esas pocas excepciones era el Padre Demetrio, quien como obispo de la Prelatura de Cafayate trabajaba en forma conjunta con las comunidades de cada pueblo para que pudieran desarrollarse, manteniendo su identidad.

 

Llegué a Cafayate a la medianoche de un día hábil; luego de la jornada laboral tome un vuelo a Salta y de allí un auto que me llevó a Cafayate donde me esperaba Ana María.  Unas pocas horas de descanso en un hotel muy cálido, y muy temprano en la madrugada arrancamos hacia el Valle del Cajón, provincia de Catamarca.

 

Allí lo vi por primera vez, al volante, un tipo callado que con su presencia ya irradiaba una energía que atraía.  Un viaje de unas horas (no tantos kilómetros pero sí un camino difícil) para llegar a nuestra primera parada en La Hoyada.

 

Hombre de pocas palabras en muchos momentos, mirada reflexiva, que cambió radicalmente cuando llegamos a La Hoyada, en medio de una fiesta patronal.  Lo vi moverse entre la gente como lo que era, uno más en esa comunidad, saludando a todos y reconociendo a la mayoría por su nombre, con una especial conexión con los chicos.

 

Lo recuerdo en esos tablones comunitarios comiendo, tomando un mate cocido y charlando con las personas que tenía a su lado.  No soy un practicante religioso pero intento vivir mi vida con espiritualidad y el Padre Demetrio era de esas personas con las que uno podría pasarse horas charlando, debatiendo y aprendiendo.  Porque más allá de su sabiduría, el Padre era una persona que tenía una capacidad de escucha admirable.

 

Lo mismo sucedió en Toro Yaco, segundo paraje, donde visitamos la escuela y estuvimos charlando con docentes y directivos sobre los proyectos del lugar, de los cuales Demetrio estaba muy al tanto, mostrando que no eran visitas o un vínculo esporádico sino algo más profundo y sincero – una identidad con esas tierras y personas.  Luego seguimos para lo que iba a ser nuestro lugar de descanso esa noche, el paraje de San Antonio.

 

Llegamos casi entrada la noche y nos esperaban con gran entusiasmo.  Por supuesto que el cansancio no fue excusa para que Demetrio y nosotros tuviéramos charlas con nuestros anfitriones y nos preparamos para lo que era la cena con ellos, Valentina y Oscar Condorí.

 

Todo es muy sencillo por esas tierras, las instalaciones, la comida pero con un amor y dignidad que nos hacían sentir en el lugar soñado por cualquiera.  A esta altura ya tenía un poco más de confianza con José.  Mi desfachatez para algunas cuestiones hizo que tuviéramos un vínculo de cómplices.

 

Todavía tengo presente esa charla con Ana María, donde ella me quería convencer de las virtudes del matrimonio y buscaba que Demetrio terciara en favor de ella.  Pero él no lo hizo, escuchó mis argumentos y sonrío con picardía.  En el fondo de esa mirada, vi que escuchaba y respetaba mi postura por más que no la compartiera.

 

Son las 22:58 del 29 de abril, viviendo pena y cuarentena por la pandemia que sufre el mundo.  Puse “enter” y los ojos se llenan de lágrimas por recordarlo y sentir que un tipo de su humanidad se fue muy pronto.  Qué poco disfruté de tu su amistad, Padre Demetrio.

 

El resto del corto viaje se dio de la misma manera que vengo contando, conociendo la historia de cada persona del lugar, dando su tiempo a todo aquel que se lo pidiera y disfrutando de vivenciar lo que se le presentaba a cada momento.  Lo que necesito destacar del resto del viaje fue una reunión de la comunidad donde se iban a tratar diversos temas.  Hablaron varios referentes y cuando tomó la palabra Demetrio todo tomo un cariz que me impactó.

 

Su mensaje fue claro y contundente, más allá de los proyectos que se estaban tratando y que eran muy importantes para la zona, José puso el foco en ellos, en la actitud con la que se plantaban ante la lucha y el reclamo por lo que consideraban justo.  No quería una comunidad sumisa y que viviera de la caridad o dádiva, sino que buscaba una comunidad con mirada crítica, con iniciativa y emprendedora.  Buscaba en el fondo que fueran libres en sus decisiones individuales y como comunidad.

 

Luego de ese viaje lo volví a ver dos o tres veces a José.  No era muy amigo de la comunicación por redes y su residencia en Cafayate hizo que no fuera más frecuente.  Uno de los encuentros que recuerdo fue una cena que tuvimos con él y Ana María muy cerca de donde se alojaba Demetrio (el Cenáculo, La Montonera).  Una cena hermosa donde se mezclaban temas de actualidad con los proyectos del Valle el Cajón y otras yerbas.

 

Luego lo vi dos veces más.  En una oportunidad lo fui a visitar a la clínica donde estaba internado.  Allí nuevamente estaba Ana María, su ladera incondicional que lo acompañó de una forma que emociona hasta el alma.  Lo vi con una calma y paz que me contagió.  Obviamente que fui y traté de hacer mis monigotadas para hacerlo reír, y si bien sucedió y fui el disyuntivo de esas visitas que tenía, me di cuenta que él recibía con amor pero no lo necesitaba.  Su alma y corazón estaban en paz.

 

La última vez que te vi, José, fue cuando en ese sábado lluvioso de Buenos Aires te fuimos a buscar con Ana María y junto al Padre Adelino, español muy divertido, nos fuimos a desayunar al Café Tortoni.  Vos, a pesar de estar transitando una enfermedad (y estoy seguro que sabías cual era el desenlace inmediato) seguiste manteniendo tu carácter de siempre.  Tranquilo, con esa mirada y sonrisa pícara, como si fuera la de un adolescente.  Disfrutamos y mucho ese desayuno y luego nos fuimos a dar una vuelta por Buenos Aires de regreso a su lugar de alojamiento.

 

Después de eso no te volví a ver y por Ana María me enteré de tu partida.  Me dolió y me duele que haya sucedido.  Nadie es imprescindible en esta vida, pero cuánto aportabas a que este mundo fuera un poco más justo.  Me da bronca e impotencia tu partida.

 

Terminaré diciendo estas palabras:   José dejaste una huella en mi vida y seguramente me acompañe en el resto del trayecto.  Y no dudo que esto mismo les sucedió a muchas personas.  Pido a la vida que tu legado continúe, es el mejor tributo que estoy seguro pedirías.  Y en un momento importante de mi vida, te pensé y me diste calma, paz, por más que no haya sucedido lo que deseaba.

 

Gracias José . . . así te llamaba, pero siempre serás el Padre Demetrio.

 

Lic. Darío Hernán Gil

Proyecto Amancay del P. Demetrio

CABA, Buenos Aires

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El P. Demetrio, a imagen de Cristo, ha sido un fiel servidor de la santa voluntad de Dios . . . . un testimonio y a la vez un reflejo del amor que de Él proviene.

Con profunda humildad siempre ha estado presente con sus acciones, palabras o aun silenciosamente junto al necesitado.  De esto puedo dar fe en primera persona y junto a mi familia.

 

Es para mí un querido hermano y un guía espiritual a quien conocí como párroco en Buenos Aires.  Luego, tuve el privilegio de acompañarlo junto a un grupo de amigos - unos cuantos pasos más atrás – por los caminos del Norte argentino, durante su ministerio como Obispo de la Prelatura de Cafayate.

 

Magnánimo, desde el total anonimato supo renunciar a cualquier privilegio que le hubiera correspondido para vivir la entrega a sus hermanos en solidaridad, con genuina caridad y dignidad.

 

De él heredé una muy querida familia en Cristo Jesús . . . sus amados pobladores de los Valles Calchaquíes, así como sus hermanos y sobrinos de España.

 

En lo personal debo decir que me ayudó a crecer en la fe para avanzar por sobre mis limitaciones.  Aprendí de él el significado mayor de la obediencia que, lejos de representar un martirio, debiera ser una oportunidad para vivirla con inspirada creatividad donde fuera que el Señor nos colocara.

 

A todos nos animaba a desplegar por entero nuestro potencial, a movernos con libertad, dándonos al mismo tiempo el espacio y el sutil consejo para hacerlo a fin de “glorificar a Dios con nuestras vidas” . . . frase con la que terminaba sus Misas.

 

Lo caracterizaba una infinita paciencia en la que traslucía su confianza y espera en la Voluntad Divina.

 

Cuando cuidaba el pequeño jardín de la parroquia San Agustín solía decir “las plantas son agradecidas . . . sólo un poco de agua y ellas devuelven abundantes frutos y flores” . . . mientras hablaba del desafío mayor de la ética que no se reducía a hacer el bien y evitar el mal, sino que se trataba de procurar que las acciones buenas (valiosas) no entraran en conflicto entre sí (Ordo Amoris en San Agustín); o que la religión sin espiritualidad está vacía.

 

El P. Demetrio abrazó sin reservas la misión que el Señor confía a sus fieles pastores, para más tarde ser abrazado por Él con el premio de la Victoria en la Gloria Eterna.

 

Su imagen crece a medida que pasa el tiempo y su ejemplo de vida me acompaña a cada paso.

 

Gracias, P. Demetrio . . . con esperanza cristiana le vuelvo a decir . . . hasta el reencuentro, querido amigo !

 

Ana Maria Mammana

Proyecto Amancay del P. Demetrio

CABA, Buenos Aires

* * *

DEMETRIO PREGRINO  

 

Viene bajando del cerro

caminando noche y día

junto con los peregrinos

pá’ ver a la Sentadita.

 

Al tranquito y de a caballo. Del Cajón peregrinando

 

Con don Ambrosio Moreno

 de Toro yaco salía.

nuestro tatita Demetrio

ni las espinas veía.

 

Al tranquito y de a caballo, Demetrio viene bajando

 

Y al llegar la noche fría

Su camita un sacrificio

Cobijado con su pocho

Calentito se dormía

 

Coquiaba como cualquiera.

Cansancio no le afectaba.

Al menos no se notaba.

Por más que él lo tuviera

 

Con pupusa de la puna

mate cocido tomaba.

Con un rico pan casero

Eso sí que le gustaba.

 

P. Roberto Ochoa

* * *

Yo quería contarle la historia cómo conocimos al P. Demetrio.  Una persona muy especial en la vida de mi hijo, Oscar.  Un ángel que apareció cuando éramos muy pobres, no teníamos nada, y le descubrieron a mi hijo que tenía el síndrome Marfan.  Él presentaba en su vista un desprendimiento de cristalino, por lo cual tenía que pasar por una operación.  No contábamos con ningún dinero.  Yo tuve que pedir al Presidente De la Rúa para que me ayuden, mandé una nota a la Nación, y me contestaron que no era posible porque no había dinero en la presidencia.

 

Apareció el P. Demetrio el cual se hizo cargo de todo, nos llevó a Buenos Aires, nos presentaron en el Instituto Malbrán, y mediante de él se hizo la operación de mi hijo por su defecto en el ojo derecho del cual no veía nada, nada y del otro ojo veía un poquito.  Allí en el hospital le operaron primero el ojo del que no veía y tuvo un éxito del 100% y logró ver todo.  Después le operaron el otro ojo luego de unos años.  Pero con ese ojo empezó a ver muy bien.  Era una alegría bárbara porque cuando nosotros volvíamos, él recién pudo ver los cerros y me decía . . . mamá mirá qué lindo está el cerro . . . !!! recién por primera vez puedo ver . . . y estaba muy contento.

 

El P. Demetrio siempre lo ayudó en todos lados.  El síndrome Marfan afecta los tejidos blandos y por eso él creció mucho.  Yo tenía que viajar al Hospital Garrahan para que le pusieran unas hormonas que frenaran el crecimiento.  Mi hijo sufrió mucho pero tenía una fe bárbara.

 

Cuando terminó sus estudios aquí en Santa María, viajó a Tucumán, hizo el ingreso a la facultad y salió con buenas notas.  Luego él aspiraba a más y ganó la beca a la que postuló en el Instituto Balseiro de Bariloche.  Allí fue y cuando faltaban unos meses para recibirse, falleció por una afección cardíaca, su aorta se dilató.  En todos esos momentos el P. Demetrio estuvo con nosotros, viajaba desde Buenos Aires a Catamarca para verlo.  Siempre estuvo con nosotros.  Cuando mi hijo falleció, el P. Demetrio también se hizo cargo de traerlo a Santa María.  Siempre estuvo en todo.

 

Cuando el P. Demetrio pasaba por Santa María también venía a ver a mi hijo Gastón, quien en ese momento atravesaba un difícil momento personal.  Hoy mi hijo encaminó su vida, vive en el exterior, se casó, tuvo un bebé.  Cambió su vida, ahora está bien, va a la Iglesia, lleva una vida sana . . . yo pienso que es un milagro.  Siempre lo tenemos al P. Demetrio en nuestras oraciones y le pedimos su intercesión, porque fue una persona muy buena, excelente persona en todo sentido.  Yo le estoy muy agradecida y dolida porque se fue muy joven . . . una excelente persona . . .

 

Stella Bley

Feligresa

Santa María, Catamarca

* * *

Antonia y Miguel vivían en frente de la familia Jiménez , por lo que la relación era muy estrecha.

Han sido los 11 hijos, 5 de Antonia y Miguel, y 6 de Luisa y Pepe (los padres de Mons. José Demetrio), siendo todos amigos desde pequeños.

Por las noches salían al fresco todos juntos. La de Luisa y Pepe era una casa que acogía a muchos familiares. Fueron 12 los niños que hicieron la comunión con José Demetrio y Miguel, hijo de Antonia y Miguel. 

La vida de José y Miguel tuvo muchas coincidencias, ya que ambos dejaron el pueblo de pequeños para irse a estudiar fuera.

Miguel se fue a estudiar a Valencia y José se fue también lejos por lo que ambas familias sufrieron la distancia con los hijos que marcharon.
Los años que ambos estuvieron estudiando en los Cerralbos, lo hicieron juntos jugando habitualmente en el patio del colegio con los demás amigos. Sus profesores eran doña Elisa, don Isidoro, don Antonio Rioja, doña Consuelo, y Charito, y como sacerdote Don Hilario.
La amistad siguió toda la vida haciéndose aún más estrecha cuando ambas familias tuvieron momentos difíciles que afrontar. Luisa siempre preguntaba por Miguel en sus estudios y Antonia lo hacía con José.

El cariño que la familia de Antonia y Miguel han tenido siempre a José ha sido enorme, alegrándose siempre que podían verle en sus visitas a Los Cerralbos. Toda la familia recuerda el cariño y generosidad con las que José siempre les trató y, a pesar de la distancia durante años y con un océano por medio, el cariño de la familia por José ha permanecido, quedando siempre presente en sus oraciones.

Antonia sintió especialmente alegría el día que se le hizo el homenaje en el pueblo a José, ya que fue un orgullo para todo el pueblo poder contar con su presencia y sentir el cariño que siempre regalaba a los demás.


Antonia destaca sobre todo la gentileza y amabilidad que él ha tenido con toda la gente tanto aquí en España como en Argentina. Así pues, le ha sido devuelto en todos los homenajes que se le han hecho en vida y después de su muerte.

La familia de Antonia quiere agradecer especialmente a todas las personas que han estado en Argentina con José, todo el cariño con el que le han tratado dándoles 1 millón de gracias. Antonia seguirá rezando tanto por José como por todas las personas que le han acompañado en su vida entregada a los demás.
  

Miguel y Antonia Cedenilla

Matrimonio vecino de Los Cerralbos de la familia Jiménez Mariscal

Amigos desde la infancia de los padres de Mons. José Demetrio,

(Redactado por su nieto, David Vázquez López)

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